Trabajar y Vivir

Viví y trabaje en Dubái de 2005 a 2008, algo más de 3 años. Fue una de las mejores experiencias personales y laborales de mi vida, aunque eso no quiera decir que fuese fácil.

Antes de mudarme a Dubái, no sabía nada sobre la región, ni había tenido ninguna experiencia trabajando con empresas de allí. Trabajo en la industria aeronáutica, en “operaciones” de líneas aéreas y el mantenimiento asociado. Y la zona del golfo, con 3 de las mayores líneas aéreas del mundo, era un sitio con gran demanda de soporte. Lo primero que recomendaría a cualquiera que vaya a Dubái es que uno no puede olvidar de que el visado más normal es un “working visa”. Lo que quiere decir muchas cosas: si pierdes tu empleo pierdes tu residencia, la vida personal está muy influenciada por la parte profesional y se trabajan muchas horas en general, sobre todo si quieres hacer un buen trabajo.

Profesionalmente vas a encontrar gente local educada en las mejores universidades del mundo, con gran conocimiento y experiencia sobre todo de la parte de negocios de cualquier industria, acostumbrados al rol de cliente y con expectativas de gran calidad y servicio. Yo recuerdo por ejemplo que cuando hablábamos de como debería ser la calidad de asientos de avión de primera o de bussiness, las comparaciones eran con asientos de coches de lujo que yo nunca había probado y posiblemente nunca me pueda comprar pero que mis clientes conocían muy bien.

En poco más de 3 años, yo considero que aprendí y “envejecí” como si hubiesen sido 9 (bueno desde el punto de vista de experiencia laboral pero no tanto si no te gusta el pelo canoso). Mereció la pena en lo profesionalmente y en el lado personal: allí conocí a la que hoy en día es mi esposa e hice amigos que serán para toda la vida. “Work hard and play hard” posibilita que con cierta gente las relaciones crezcan también muy fuertes.

Hay gente que no podía quitarse de la cabeza el hecho de que la ley y sobre todo como se administra la ley pudiera ser muy diferente de cómo son las cosas en Europa. A mí no me supuso ningún problema. Siempre me sentí protegido, bien considerado y respetado.

Habiendo vivido en otros países, me atrevería a decir que en Dubái me sentí menos discriminado como extranjero que en otros sitios. Si bien lo europeos siempre nos fijamos en la leyenda de leyes y castigos ejemplares que se publican en la prensa amarilla, es verdad que me centré muy mucho en ser respetuoso con las formas y costumbres locales (o lo que sabía de ellas).

En un ámbito de cosas más banales, aun echo de menos muchísimo el poder vestir pantalones cortos y sandalias todos los días del año (después de trabajar), la comida internacional muy autentica y por precios muy razonables y conocer gente y costumbres de países que sabía poner en el mapa o idiomas que creía que habían desaparecido hace siglos. Dubái y el golfo so mucho más internacionales de lo que nos puede parecer a los extranjeros en un principio antes de conocerlos de cerca.

A. Armenta